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Diario 1Editar

"Dominic Von Albert" por John D'Amico.

Octubre 17 2089.

El sonido del viento lentamente hacía rechinar la puerta que se encontraba al otro extremo de la habitación, completamente hecha de madera como se estilaba en una cabaña tipo rústica en las afueras de la ciudad de Guadalajara, muy adentro del bosque nacional llamado “La Primavera”. Solamente una sombra vieja se columpia en la mecedora mientras observa desde la ventana de la habitación; un cerezo en el centro de un amplio patio. Sus hojas eran hermosas y parecía a simple vista un Sauce blanco desprendiendo a todo momento una nube de hojas que pintaban el paisaje en una alegre y romántica atmósfera. Una lagrima… No, dos lágrimas desbordaron del rostro de aquella sombra, que fueron alumbradas por la cálida luz del atardecer haciéndolas parecer como dos cristales recorriendo el rostro de una persona la cual el tiempo había dejado sus estragos perfectamente visibles. Las arrugas recorrían cada extremo de sus mejillas viajando desde la barbilla hasta la sien, su frente también conservaba algunas arrugas. Pero su cabello ¡Oh que melena traía en su cabeza! A pesar de lo viejo que se veía aquella persona, conservaba cada uno de sus cabellos fuertemente aferrados a su cabeza, y estos cabellos eran blancos como la nieve y descendían hasta reposar en sus hombros luego como si estos fueran agua, se esparcían por todo su cuerpo haciéndole parecer que llevaba una piel de oso sedosa. La envidia de toda mujer era su cabello pero a él parecía no importarle y supongo yo que era como una gran carga para su cansado cuerpo.


Aquella imagen del viejito sentado en una mecedora viendo la ventana era acompañada por el sonido de un piano en el fondo, que tocaba no muy agresivo pero tampoco muy lento, una melodía similar a una balada romántica; entonada espontáneamente por quien fuera que lo estuviera tocando. Entre suspiros y sollozos aquella sombra se levantó lentamente hasta quedar parado enfrente de la ventana, sin dejar de ver el cerezo como si esté fuera una mujer hermosa la cual lo cautiva con gran serenidad. Dio un último suspiro y se perfiló a caminar hacia el closet, el cual abrió una vez estando frente a él. Al abrirlo lentamente como sus fuerzas se lo permitían; una luz azulada y blanca al mismo tiempo empezaba a cubrir la habitación, la cual provenía directamente del closet.


Luego como si mi vista hubiera sido aclarada, ante aquella sombra se encontraba una armadura blanca como el lino y de un cierto tono azulado cálido pero oscuro, sin embargo la luz que desprendía la armadura me daba a entender que aquella reliquia no era solamente un pedazo de metal blanco. ¿Pero que era? ¿Un hallazgo arqueológico? ¿El recuerdo de algún lugar? No lo sabía en ese entonces…

El viejito, que por cierto se llamaba Dóminic, se empezó a poner la armadura, como si fuera un veterano militar vistiéndose con las medallas de logros pasados, sin embargo mientras lo hacía otras dos lágrimas recorrieron su rostro y cayeron al suelo. Una vez vestido, la armadura lo hacía ver fiero. En el casco se podía observar en forma de “Y” una apertura donde se veía la cara de Dominic, la armadura lo hacía ver bastante ancho y robusto, y todo eso era apoyado por la melena blanca que parecía la melena de una león alrededor del casco reposando sobre las hombreras dando el aspecto de un hombre fuertemente agresivo.

Dominic bajó las escaleras de la cabaña con la frente en alto hasta llegar a la sala, la cual estaba adornada por muebles de madera con colchones rojos. Miró de un lado a otro como si estuviera diciendo un último adiós y se perfiló a la salida que daba al patio justo en dirección a donde se encontraba el cerezo.


Para mi sorpresa la armadura parecía no pesarle, pero conforme iba avanzando la luz que desprendía aquella reliquia se iba apagando lentamente hasta que llegó al pie del cerezo. El cual era más grande de lo que parecía, era alto y desprendía un olor agradable a mis sentidos, así como una luz morada al interior, no era muy fuerte ni tampoco era muy suave, era una esencia única entre todas las que había vivido en mi vida. Luego como si la edad hubiera alcanzado a Dominic, se arrodilló a la sombra del árbol como si su cuerpo le pesara y con un gesto agradable rompió en lágrimas. ¿Qué era este trágico y melancólico escenario que se desarrollaba enfrente de mí? ¿Recuerdos de algún triste pasado o un amor perdido? Probablemente las tres, pero en ese entonces no lo sabía. El Señor Dominic Von Albert, padecía de una enfermedad llamada “Ausencia” la cual se catalogó así por la forma en que la gente perdía conciencia de su alrededor y se sumergía en un mundo creado por su propia mente. A ese mundo lo llamamos “Desconocido” muy original ¿no les parece? Así es, yo estaba presente todo ese tiempo que estuve describiendo los hechos anteriormente leídos, yo estaba ahí pero para Dominic no lo estaba. Sin embargo aunque todo hecho científico contradiga lo que pasó después de aquel momento, yo sé lo que vi y sé lo que pasó. Por un momento parecía como si el señor Dominic hubiera quedado completamente como estatua arrodillado hacia el cerezo florido. Pero luego una extraña ilusión empezó a emerger de este, parecían dos personas que extendían sus brazos hacia Dominic y él, al verlos dijo fuertemente: ¡¿Me extrañaron?! Su grito fue seco como si quisiera describir todos sus sentimientos en tan solo dos palabras. Luego, como si la ilusión hubiera sido transformada en algo más fuerte que una simple fantasía, me absorbió a mí, y el tiempo se hacía eterno, parecía que el tiempo mismo era un sueño, no había tiempo, es como si nunca hubiera existido. Entonces el señor Dominic aunque todavía permanecía arrodillado, giró su rostro hacía mí y con una enorme sonrisa me dijo: Te dejo el resto a ti.


Entonces comprendí, no era la enfermedad Ausencia lo que padecía el señor Dominic, eran los estragos de una vida llena de lucha, dolor y sufrimiento. ¿Pero qué quería decir con: te dejo el resto a ti? En ese entonces no sabía. El señor Dominic cayó muerto aquel día, sin lógica alguna, solamente estando yo como testigo sin poder explicar lo que había vivido. Yo, John D’Amico nunca sospeché lo que habría de vivir. Y de haber sabido lo que aquella escena representaría para mi vida, habría preferido nunca haberla visto, pero aun así estoy agradecido de haber vivido una fantástica aventura ¿que aventura?.




El despertador sonó fuertemente con el himno a la alegría de Beethoven, mientras John se levantaba lentamente de su suave cama, los rayos de sol se deslizaban delicadamente por el techo del cuarto mientras gemía por los esfuerzos de sus músculos adormilados. El despertador seguía sonando, inundando el cuarto con música que era abrumadora para los oídos de John, quien se perfiló para apagarlo casi de inmediato. Luego, todo el cuarto quedó en silencio, como si fuera un punto aislado del universo. Luego de vestirse y asearse extendió de par en par su cortina y el sol empezó a deslizarse con mayor fuerza hasta deslumbrar los ojos de John, frente a él estaba una enorme esfera azul con manchas blancas, con diversas partes verdes y cafés, así es, un día normal en el espacio.

Es muy fácil contar los hechos que llevaron a John D’amico y a la humanidad al espacio pero ahora procuraré ser breve en los acontecimientos ocurridos desde hace veinte años. La humanidad recibió una visita inesperada, hace veinte años exactamente un extraño meteorito apareció en México Guadalajara y se posó en lo que se conoce como el cerro del cuatro. Después de unas arduas investigaciones se logró averiguar qué tipo de meteorito era aquel, fue entonces cuando la respuesta de: ¿Estamos solos en el universo? fue respondida, al interior del meteorito se encontraba una instalación que albergaba capsulas de sueño criogénico. Pareciera como si la nave hubiera estado vagando en el espacio por más de mil años. ¿Recuerdan la enfermedad llamada ausencia? Bueno después de abrir una de esas capsulas, las cuales soltaron una toxina que contaminó mitad de México por dos semanas, todas aquellas personas que se encontraban de Jalisco hasta Sonora, sufrieron dos tipos de enfermedades, una titulada “Ausencia” y otra “Demencia de Hoyo Negro”. La Ausencia como bien vimos anteriormente, consistía en la ausencia total de la realidad en una persona, en otras palabras expresaba el trastorno psicológico en el cual una persona se sumergía en un mundo fantástico o imaginario del cual no podían regresar. La Demencia de Hoyo Negro fue llamada así debido al comportamiento bélico de una víctima; el cual consistía en la perdida de razón completa en un sujeto, se manifestaba como problemas para controlar la ira, pero luego progresaba a un estado de salvajismo, hasta que lentamente la enfermedad consumía por completo el cerebro de la persona, como un hoyo negro atrayendo con su fuerza gravitacional un planeta, la enfermedad atrae el cerebro hasta que una vez estando en su centro es completamente aplastado.

Las capsulas dentro de la instalación al interior del meteorito desataron el caos en México pues abrían la posibilidad de vida alienígena, lo que creaba un sin fin de teorías entre la gente, pero fueron aplacadas cuando se reportaron como vacías, pero dos años después sujetos de pelo blanco escaparon de una instalación de farmacéuticos, dichos individuos poseían una fuerza extremadamente grande capaz de cargar un automóvil entero. Fue entonces cuando se comprobó que el gobierno mintió y nuevamente el caos se desató. Una vez que el gobierno confirmó que le habían mentido a la sociedad, se puso en marcha proyectos para estudiar la nave, o bueno instalación. Todos los países del mundo ofrecieron servicios para explorar la tecnología avanzada de aquella roca. Lo demás podrán deducirlo por ustedes mismos, los humanos logramos llegar al espacio donde ahora John D’amico se despide de la tierra en la nave Cousteau. Junto con la flota terrestre llamada la “Vincetibus” Que quiere decir en latín Victoria. Con un total de noventa naves espaciales construidas con los esfuerzos de toda la humanidad, tripulada por más de ochenta mil miembros, donde el noventa por ciento de ellos son militares. La humanidad se lanza a la exploración del nuevo mundo. Aunque muchas respuestas quedan sin contestar, los dos individuos de pelo blanco eran en toda la plenitud de su anatomía, humanos.

Los sonidos de multitudes se hacían cada vez más grande mientras John salía del área de camarotes. Nunca se consideró John D’amico un ejemplar apuesto entre la humanidad, era extremadamente delgado aunque se lograban diferenciar los músculos ejercitados, él era extremadamente velludo y siempre usando barba a medio rasurar, poseía extraños hábitos como estudiar en sus tiempos libres, y fumar dos cajetillas de cigarros cada mañana, lo que le daba un aroma desagradable desde la madrugada. Sin embargo esta mañana era diferente. Normalmente se perfilaría a ir a la zona de planteamiento de especímenes, eso quiere decir donde se planta todas las frutas necesarias para el viaje. Sin embargo John se sentía un poco alegre aquella mañana, lo suficiente como para ir al mirador que se encontraba al costado derecho de la nave, solamente para ir a ver y despedirse de su casa. Después de miles de años en el que la humanidad progresó como civilización e individuos, por fin estaban al borde de la frontera más grande conocida por el hombre. El espacio. La famosa frase de Neil Armstrong: “Es un paso muy pequeño para un hombre... pero un gran salto para la humanidad” quedaba corta ahora, pues se sabía perfectamente que serian veinticinco años para llegar a nuestro destino. Ciertamente sería un enorme salto para la humanidad. John llegó al observatorio donde logró ver que solo una persona estaba expectante a la partida de la flota. Una joven que a simple vista parecía como una flor delicada en medio de una luz azul que reflejaba el planeta. Apenas había ingresado al observatorio cuando John lograba diferenciar las lagrimas que recorrían el rostro de aquella joven que portaba la misma bata que él, lo que hacía suponer que también pertenecía al cuerpo de científicos.

Alrededor de toda la nave se empezaron a escuchar en las bocinas: Buenos días camaradas… Habla el capitán para informarles que nos embarcaremos en una expedición hacía lo desconocido. Al salir del sistema solar emplearemos la primera fuente de energía para probar nuestros propulsores, nuestra nave guiará a la flota principal, cualquier falla que haya sin el apoyo de la luz solar solamente nos afectaría a nosotros, pero no se preocupen seríamos rescatados de inmediato por la flota. Se les pide que antes de salir del sistema solar entren a las capsulas criogénicas, pero en los minutos siguientes solamente se requiere que hagan su trabajo hasta nuevo aviso. Cuando sea la hora de abordar las capsulas se mandará la señal roja para entonces todos ustedes deben estar preparados y cerca de su área asignada. ¡¿Eh?! Ah sí… recuerden tomar el compuesto químico que les ayudara a respirar mientras estemos en el espacio. Que tengan un buen día y bienvenidos al paraíso. John dio un fuerte suspiro pues no tenía nada que hacer todavía, su área se concentraba en la biología y agricultura, pero mientras estuviera en sueño criogénico los robots se encargarían de todo a menos que hubiera una emergencia.

El silencio se rompió cuando ella le preguntó- ¿No es hermosa? – John frunció el seño extrañado por la pregunta, aunque la voz de aquella joven era dulce y aguda –Por supuesto que lo es- Afirmó -¿No sería una lástima tener que ir a buscar otro planeta cuando toda la belleza del universo adorna nuestro planeta?- -No entiendo la pregunta…- Dijo John inundándose de curiosidad por aquella joven –Olvídelo… Mi nombre es Helga Sosa encargada del área de psicología en la nave ¿y usted quién es?- -John D’amico, encargado del área de biología y agricultura de la nave- Ella sonrió dulcemente y dijo: –Bueno digamos que no es todo un ejemplar de belleza…- Eso molestó a John quien gruñendo respondió: –Digamos que es mejor así… De esa forma no me distraigo en mi trabajo- Inmediatamente la mirada de ella cambio y acercándose a John de tal forma que invadía su espacio personal y le dijo al oido: –¿Estás seguro de eso?- Las sangre le subió al cerebro e inmediatamente la cara de John se puso roja, quien utilizó el momento para alejarse –Disculpe tengo que ir a hacer unos escaneos de los robots antes de ir a la cápsula criogénica…- -Fue un gusto John espero verlo al despertar…- Dijo ella con una risa burlona -Igualmente Helga… ¡Por cierto que nombre tiene usted ahí es poco común!- gritó John mientras se alejaba de donde se encontraba ella y antes de salir del salón escuchó su respuesta –¡Mi verdadero nombre es Evangeline!- Al escuchar eso John volteó la mirada rápidamente pero ella ya se había esfumado por completo. Perturbado la curiosidad se apoderaba de él, pues la única salida se encontraba donde el permanecía parado, en silencio. Sin darse cuenta la tierra ahora se veía como un diminuto punto, que al verla se quedó asombrado, era un punto tan pequeño que podía taparlo con su dedo gordo, y en ese momento no se sintió como un gigante, al contrario… Se sintió muy pequeño. Y a cada minuto que pasaba la tierra disminuía de tamaño.

Permaneció en silencio por innumerables minutos hasta que las luces rojas marcando el tiempo de entrar a las cápsulas lo sacó de sus pensamientos.

Pero Evangeline no apareció por ningún lado.

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